jueves, 20 de octubre de 2011

LA COLINA DEL VIENTO

Temes no esperar, por miedo a olvidar.
Por eso escribes, para recordar que le esperas
y no pensar que él te olvida.

Cuando el sufrir es tan hondo:
las palabras se quedan vacías,
no hay lamento capaz de acoger la pena entre sus llantos.
Se lleva por dentro; ese amor, esas ganas de seguir,
aunque nos entierren en la más triste oscuridad,
los violines siguen cantando su melodía desgarradora.
Alimento para nuestra alma ese sufrir,
tinta para la pluma que se ahoga tras unos sentimientos:
indescriptibles para las palabras.
Me niego a creerlo, no puedo dejarte,
eres más fuerte que yo,
eres quien me ayuda a abrazar mi destino cada mañana.
Por ti sigo y no me detendré hasta alcanzar esa meta,
esa que esta en lo más alto de esa colina
en la cual una vez estuviste por mi.
Pienso que allí estarás tú esperándome con tus brazos,
acogiéndome una vez más con tu mirada.

Lloro porque cuesta llegar,
pero más dolería dejarte marchar.


Atteneri González Herrera

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